Cronos
corre a Kairos, le pisa los talones, le muerde la cola.
Kairos
me mira con cara de horror y ojos suplicantes, levanta los bracitos, hace
gestos desesperados, se agita.
Yo le
grito desde adentro de mi misma, desde acá, “que tambien voy a estar bien
cuando esté bien” pero mis palabras se sofocan como si estuviera adentro de una
pecera. Y alguien nombra lo Innombrable y se dice lo indecible y el aire se
corta. Y las palabras se mueren y tambien se muere todo lo demás.
No hay
caso, me digo mientras escucho correr el
minutero, estamos fritos, nos vamos a la B.
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